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PENSAMIENTOS SOBRE LA SANTIDAD

Un niño, después que aprende a leer a la perfección, ¿debe dejar de hacerlo? No, esto simplemente le presenta la oportunidad para una educación superior. El poder y las capacidades de su alma profundizan mientras adquiere nuevo conocimiento y soporta la vida. La santificación, por tanto, no es el fin sino el principio de una vida superior.

Se debe animar a los nuevos conversos a apresurar y obtener la gracia de la completa santidad. A no ser que su empeño por desviarse sea de un todo eliminado y su alma completamente renovada, las raíces de amargura crecerán y le mortificarán. Muchos se desvían por no buscar la perfección y pierden su primer amor.

John Wesley afirma: “Es la responsabilidad  y el privilegio del nuevo cristiano ser santo. Dios puede santificarnos en un solo día aun cuando nos sintamos justificados toda una vida. No hay diferencia a menos que supongamos que Él es como nosotros. En efecto, vemos que algunos de los testigos más firmes de la gracia santificadora, fueron santificados solo días después de su conversión”.

Un hombre no puede ser santificado sin fe. Puede haberse arrepentido completamente o haber hecho muchas buenas obras, pero no puede ser santificado a no ser que crea. Sin embargo, el momento en que lo hace, con y sin esos frutos, así es, con mucho o poco arrepentimiento, es santificado. – Wesley

El progreso de un cristiano no es la sucesión consecutiva de alta y bajas, ni un perenne juego de ensuciar y limpiar la vestidura. Aquel que dijo: “tus pecados han sido perdonados…” puede fácilmente decir: “levántate y anda”. Aquel que nos dejó limpios como la nieve, puede preservarnos de la contaminación de la vestidura que nos dio.

Señor Wesley, su esperanza no será decepcionada, vendrá y no tardará. Búsquela, todos los días, a cada hora, a cada momento. ­¿Por qué no ahora? Sin duda, puede buscarla ahora si lo cree por fe. Si lo busca por fe, lo puede esperar. No se detenga por nada, espérelo por fe, espérelo ahora.

Dios llevó a su pueblo hasta las fronteras de la Tierra Prometida y fue su responsabilidad y privilegio tomar posesión de ella. Se enfocaron en la calidad espantosa de sus enemigos y en su debilidad  por lo que rehusaron. No adelantaron, tuvieron que retroceder. Lector, ¿dónde está usted hoy, en Canáan o en el desierto?

Recuerde que la fe no es un sentimiento. No se es santificado por un sentimiento, sino por fe. “Tu fe te ha salvado, ve en paz y no peques más”. Debemos confiar en que CRISTO hará por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. La fe que salva confía y la Palabra no propone ninguna otra santificación que no sea una confianza presente y continua en Cristo.

                                                                 Revista: The Field Officer, Mayo 1900, p. 179

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